«Un gesto de amor puede alcanzar a generaciones.»
Una tarde de verano, en un camino de tierra, mi madre le mostró a mi hija la belleza de una simple margarita del campo. Contemplándola con ternura, le dijo: «Mira, Damaris, qué flor tan linda».Aquel acto sincero sembró un sentimiento profundo que hoy transmito a mi familia. Ahora, cada vez que están juntas cerca de una flor, mi hija repite ese mismo gesto con mis nietas, y sé que ellas harán lo mismo con las suyas.

