Escrito confrontado

Escrito confrontado

Cuanto más escribo, más confrontado me siento por el Espíritu Santo debido al contenido y a su llamado al arrepentimiento.

    Con el paso del tiempo, estos pensamientos surgen en mí con mayor frecuencia. Aunque esto pueda sonar repetitivo, los años vividos me demuestran que debí haber considerado más a mi prójimo. Debí haber actuado de otra manera cuando el Espíritu me guiaba a discernir mis acciones —no solo de palabra, sino de hecho— frente a las reacciones de los demás. Sé que esperar que todos actúen según las instrucciones que el Señor me ha dado es absurdo. A menudo intento justificarme ante los demás, ya sea en asuntos familiares, financieros, de negocios o en las posturas espirituales que Dios me exige. Sin embargo, un vecino malhumorado o gruñón no debería influir en mi relación con el Señor. Al contrario, ante las necesidades ajenas, debo humillarme y postergar mi propio yo. Esta es la posición a la que Dios me ha llamado a mí, no a mi prójimo. Es mi responsabilidad hacer justicia, sin buscar el propio beneficio, y dejar claro que cumplir con su mandato implica priorizar al prójimo como a mí mismo.
    Una vez que pronuncio esta verdad ante el espejo de mi vida, ya no hay vuelta atrás en el Reino de los Cielos. El mandamiento es inequívoco: amar como Él nos amó. Su bondad para conmigo ha sido y será eterna, y no tengo derecho a verla de otra manera. Su amor es sublime y justo; por lo tanto, mis acciones deben reflejar las de Cristo a través de una entrega total y absoluta. El privilegio de sentirme amado por Él me impulsa a enfocarme en el amor que Él mismo tiene por los demás.
    Su infinita paciencia me lleva a perseverar de la misma manera, y su gozo en la vida abundante me hace depender por completo de Él, permitiendo que ese gozo fluya hacia los demás como un contagio divino. La paz en mi corazón surge naturalmente al contemplar su efecto en las situaciones turbulentas. Su bondad me impulsa a ser bondadoso; su benignidad me lleva a inclinarme y a reconocer el valor de los demás antes que el mío. Asimismo, su fidelidad me abraza, dándome confianza y firmeza en mis acciones. Su mansedumbre me fortalece para ser humilde en mis tratos y desterrar el orgullo de mi vida, mientras que su dominio propio me otorga la fuerza necesaria para controlar mis deseos e impulsos egoístas.
    Todos estos frutos deben permanecer en este esfuerzo por escribir, confrontando mis pensamientos a lo largo de los años. La oración más profunda debe convertirse en la necesidad más urgente de mi interior. Que su gracia sea eterna en mis pensamientos y en la vocación de este llamado a plasmar lo que Él me ha encomendado. Que cada línea escrita sea considerada por Él, y para los demás, como un mensaje de respuesta a los necesitados; un testimonio de esta confrontación interna que comienza en mi propio arrepentimiento y se extiende hacia el prójimo.
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Davi BlumenthalEscrito confrontadoAUTOR |  Image Alt

Davi Blumenthal

Y por sobre todo, con el deseo de que sea una referencia más del cuidado y Amor absoluto de Dios en cada tramo de nuestras vidas.

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