Uf, treinta y tantos años, y era profesora de teología. Ella vive con la misma firmeza con la que él habla; doy fe de ello. Además, comparte algo muy interesante, ya que también era profesora de griego. Yo de griego… estoy en blanco. Explicaba que «el consolador» o «el ayudador», en el griego original, proviene de la palabra paracletos, la cual se traduce como «alguien que es llamado a estar al lado para socorrer, guiar, aconsejar o defender».
Conocí a un abogado en 1989. De repente, apareció un norteamericano que venía de Texas; había escogido Paraguay para pasar sus vacaciones. Yo vivía en Paraguay en ese entonces. Él viajaba a dedo y terminó llegando al lugar de culto donde nos reuníamos. Le preguntó a los vecinos quién lideraba allí, y resultó que era yo. Por la guía de un vecino, llegó hasta mi casa.
Al llegar, se presentó como un abogado de vacaciones. Era muy joven, debía tener menos de 40 años, y mostraba una gran pasión por su labor. Era abogado en Texas, Estados Unidos, pero no actuaba como defensor ni como acusador. Como saben, Texas colinda con México, y en los tribunales muchos no entendían lo que decía el juez. Así que él traducía del inglés al español. De hecho, pasó un tiempo en México para comprender a cabalidad cómo vivía esa gente.
Su función no era defender ni acusar, pues cada parte ya tenía sus propios abogados; él intervenía como intérprete. Me decía: «David, lo que yo hago es lograr que esa gente entienda a la perfección lo que les están diciendo y de qué los están acusando. Yo siempre estoy al lado de ellos
