Bienaventurados son tus ojos que contemplan las maravillas matutinas del valle que el Creador puso a tu disposición, para así despertar en ti las meditaciones que edifiquen Su iglesia. Dichosos son aquellos que reciben una invitación a caminar contigo en ese contemplar de tan bellas vistas. El ruido de la motosierra sucumbe ante la ternura del soplar del viento entre los árboles. Ternuras que interpretamos como humanos, aunque algunos lo vean como deforestacion. El sembrador lo ve como un lugar más para hacer crecer otro ciprés, por las semillas caídas en el calvario de los bosques. Orgulloso estaría de estar allí, en ese contemplar del amanecer torrentino.
Imágen de Fernando Jesús Moreno Ramírez
