Crecer aunque esté cerca el final

Crecer aunque esté cerca el final

Crecer aunque esté cerca el final

A pesar de mis múltiples negligencias, me has socorrido en cada una de ellas, transformándolas en experiencias inacabables. Formas mi carácter en cada latido de mis entrañas e impides que mi temor vaya más lejos. Tu misericordia me sostiene en vilo ante los miedos que aún no conozco; me son revelados solo para forjar, nuevamente, mi confianza en ti.
Mantengo el pensamiento firme de que llevaré allí, a tu lado, mis alabanzas. Sé que puedes cambiar mi situación con un milagro, aunque mis versos estén siendo moldeados por este dolor que me aflige, dando esperanza al lector ante la desesperación futura. Creo en los milagros; creo además en tu providencia y en tu deseo de enseñarme a depender de ti. He vivido para mí, pero ahora vivo para ti, en profunda devoción.

En esta prosa poética, desarrollo pensamientos bíblicos estudiados y comprendidos: que Dios, en su gran sabiduría, muestra a los seres celestiales su perdón hacia la raza humana. Él podría cambiar todo con una nueva creación que borrase los errores; sin embargo, de ese modo su misericordia no se daría a conocer. Los ángeles no experimentan esta clase de redención. Es precisamente en nuestra incapacidad de autoayuda donde se hace patente su grandeza.

En estos versos hay mucho más que tristeza: existe la esperanza de ser rescatado, a pesar de sufrir el desespero tan frecuente en nuestra existencia. Podría cambiar las cosas con frases positivas y declaraciones afirmativas para aparentar que somos fuertes, dando un aire de firmeza constante que en realidad no poseemos. Nuestra carencia nos guía a confiar en Él para una entrega total de la vida espiritual, movida solamente por el Espíritu Santo en nuestra santificación progresiva.

Existen tres estados de santificación. El primero ocurre en nuestra entrega como pecadores, otorgado por el Espíritu cuando nos convence de pecado. Su efecto en nuestro nuevo caminar nos conduce al segundo. Este primer estado nos da derecho a estar frente a su santidad, gracias únicamente a los méritos del sacrificio de su Hijo; una entrega absoluta que pagó el precio de ese rescate por pura gracia divina.

Quizás para algunos la gracia sea ya una rutina; una palabra expresada hasta el cansancio en textos y sermones dominicales que durante años se han impartido a quienes asisten fielmente a los cultos. Esa constancia a menudo se tilda de aburrida por oír una y otra vez lo mismo. Tal mentalidad trae una carga emocional que, en el segundo estado de santificación, puede dificultar el crecimiento espiritual. Como suelo expresar en mis escritos, a veces solo pensamos en nosotros y no en quienes nos acompañan en esta etapa.

La certeza de ser salvos nos brinda una confianza abismal y una estabilidad consecuente para la siguiente etapa, renovando nuestra vida en cada situación. Podemos arrastrar secuelas doctrinales equivocadas si no asumimos la tarea de escuchar, hora tras hora, los sermones acumulados. La frase de que «su misericordia se renueva cada mañana» y que «el cielo no es el mismo entre las nubes» es muy usada. Sin embargo, se vuelve firme si la aceptamos como una verdad frente a las adversidades ya comentadas en el poema inicial.

La segunda etapa lleva la misma carga de concientización y seguridad de salvación, dando lugar a una constancia en cada momento vivido por uno mismo, por testigos oculares o por los oyentes de nuestra vida. La perseverancia predicada en la Biblia se repite una y otra vez en las cartas paulinas, animando tanto al destinatario original como a quienes, posteriormente, tuvieron el privilegio de leerlas y releerlas.

La idea del aburrimiento se desvanece al presenciar los cambios —no siempre evidentes a simple vista— en la vida de los asistentes frecuentes a los cultos. Observar esa transformación requiere toda una vida. En estudios pasados hemos afirmado que la constancia es un concepto que no todos comprenden, pues conlleva un cúmulo de experiencias en varias etapas. Esto es aún más evidente cuando las dificultades nos ponen a prueba en la propia carne, a través de enfermedades crónicas donde el ánimo es evaluado por lastres que no siempre entendemos al momento.

Finalmente, la tercera etapa de la santificación se viene predicando como un grito de victoria cuya llegada, aunque algunos duden de ella, es una certeza.
Davi BlumenthalCrecer aunque esté cerca el finalAUTOR |  Image Alt

Davi Blumenthal

Y por sobre todo, con el deseo de que sea una referencia más del cuidado y Amor absoluto de Dios en cada tramo de nuestras vidas.

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