Obligación teníamos; ir al cuarto de oración.
De camino reclamaba; ¿Tengo que ir allí a orar?
Como si fuera arrastrado, sus piernas finas movía,
Hasta el lugar arrodillar, que clamar tendría.
¿Oras tú u oro yo? ¡Mejor tú que yo!
Dilema planteando al hincar rodillas.
Oro yo, pero tú me sigues, sin vacilar.
¡Ya veremos! Comienzas tú y luego yo. Selah
Comencé a clamar y vigilar al amigo incierto.
Un ojo cerrado y otro abierto, ¡Atalayas, despiertos!
Recordé a todos, en mi súplica sincera.
Sin vacilar momento, mirando al cierto amigo.
Su turno esperé, a saber qué hará.
¿Orará, clamará o se detendrá a observar?
Veremos, si de pronto arranca, el orador dudoso.
Seguro que sí, a ello venimos, orará seguro.
De pronto, suena una voz que no era mía.
Era de él, porque solo había dos,
De la nada dijo: ¡Señor, no quiero orar!
Hablas tú Señor, y no yo.
Oración en Flor de Julio, más sincera que yo.
Poema: Davi Blumenthal
Música: SenhorSenhor – Neide Ferreira
Edición: Davi Blumenthal
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